El pasado sábado 22 de Marzo hicimos acto de presencia en la exposición del museo itinerante, como podría perderme la exposición Ashes and Snow, si ya me había chutado todos los reportajes de tan importante evento.
Dos hora y media de fila para lograr entrar, rabiosa, cansada, asoliada, mal oliente, etc, fue la manera en que arribe al evento. El primer paso a la galería colocada en el zócalo es impactante, queda uno ciego ante el cambio de iluminación. Lo triste es que cuando tu ojo por fin logra adecuarse al nuevo ambiente, mas de cien fulanos y fulanas te llevan rápidamente y cuando te das cuenta de que no vas tu caminando sino levitando, ha pasado ya media galería de la que no viste nada.
La colocación de la fotografía, el sonido, la iluminación y por supuesto la majestuosidad del recinto son indescriptibles, tiene que vivir uno la experiencia para poder expresar el suceso. Lo triste es que no se puede admirar con detenimiento cada una de las fotos pues el público no te lo permite.
Sugerencia para el gobierno del DF, es haber puesto un día o dos a la semana gratis y el resto con cuota de recuperación para poder admirar mejor la obra de Colbert.